Transfactoria: servicios lingüísticos

¿¡Transfacto… qué?!

«Transfactoria» (en castellano podéis ponerle la tilde en la í, si lo preferís). Así es como he decidido llamar a este proyecto profesional vinculado a la traducción, actividad que sin duda es su eje central, pero también a la revisión ortotipográfica y a la escritura en general.

El nombre me define como traductor y me vino a la cabeza allá por el mes de agosto de 2013, cuando empecé a tejer los hilos de esta aventura que finalmente emprendí como traductor a tiempo entero y por cuenta propia. Entonces trabajaba en la industria farmacéutica y, día tras día, semana tras semana, soñaba con el momento de dar el salto y convertirme en lo que –lo pensaba entonces y lo he confirmado después– era mi destino, mi vocación y, en definitiva, mi pasión: convertirme en traductor profesional.

Las señales no podían ser más evidentes: en todos los trabajos por donde he pasado ¡siempre he acabado traduciendo! ¿Qué más necesitaba para aceptar el llamamiento? Ya me había formado como filólogo, me sentía más cómodo escribiendo que hablando, tenía títulos de idiomas (una de mis grandes pasiones, junto con la música clásica y, por supuesto, el oficio de traductor) y siempre había traducido casi sin darme cuenta. Me faltaba lo que siempre precede los grandes momentos de cambio en la vida: el coraje para dar el salto de fe.

…Y aquí me tenéis. Transfactoria. ¿En qué puedo serviros?